La catedral ya sabe dónde está. Y el pulpo, y la tarta de Santiago, y la empanada: eso se lo han contado antes de bajar del tren. Esta guía es para el día siguiente, cuando uno ya ha hecho la foto en el Obradoiro y le apetece saber cómo es la ciudad cuando no está posando.
Lo de siempre, en cuatro líneas
Para quitárnoslo de en medio: hay que ver la Catedral y el Pórtico da Gloria; hay que sentarse en el Obradoiro; hay que subir a la Alameda a hacer la foto de las postales; y hay que entrar en el Mercado de Abastos, que además es de los pocos sitios turísticos donde se sigue comprando de verdad.
En la mesa, lo inevitable: pulpo á feira (cocido, con aceite, sal gorda y pimentón), empanada, caldo gallego —una sopa de cuchara con grelos, que es una verdura de hoja algo amarga, y unto, que es grasa de cerdo curada—, y tarta de Santiago de postre. Está todo muy bueno y hay que probarlo.
Ya está. Ahora vamos a lo otro.
Comer lo que come la ciudad
Santiago es hoy una ciudad de gente venida de muchos sitios. Han abierto sus negocios y con ellos llegó su cocina, que ya es tan de aquí como el pulpo. Si lleva tres días de caldo, o si simplemente tiene curiosidad, esto es lo que hay:
- Venezolana
- Arepas, que son panecillos de maíz abiertos y rellenos; cachapas, una torta dulce de maíz tierno; tequeu00f1os, palitos de masa con queso dentro.
- Cubana
- Ropa vieja, que es carne deshilachada guisada; congrí, arroz con frijoles negros; tostones de plátano frito; y la yuca con mojo.
- Brasileña
- Feijoada, un guiso hondo de alubia negra con cerdo; pão de queijo, bollitos de queso que se comen calientes.
- Colombiana
- Arepas de otro estilo, más finas; bandeja paisa, un plato único con de todo; empanadas de maíz.
- Peruana
- Ceviche, pescado crudo curado en lima; lomo saltado, ternera salteada con patata; pollo a la brasa.
- Mexicana
- Tacos de maíz, guacamole, enchiladas. Picante de verdad si se pide.
- Argentina
- Carne a la parrilla cortada a su manera, empanadas de horno, provolone fundido.
- China
- Arroces y tallarines salteados, dim sum, pato laqueado.
- Japonesa
- Sushi, ramen —una sopa de fideos con caldo largo— y tempura.
- India
- Currys de todo tipo, pollo tandoori hecho en horno de barro, pan naan para mojar.
- Turca y árabe
- Kebab, shawarma, falafel —croquetas de garbanzo— y hummus.
- Marroquí
- Cuscús, tajine (un guiso lento de carne con fruta seca) y té con hierbabuena.
- Italiana
- Pizza de horno de leña y pasta fresca.
- Portuguesa
- Bacalao de mil maneras, francesinha, pasteles de nata. Están a hora y media.
Y siguen llegando. La lista está abierta y la iremos completando a pie, negocio por negocio.
Los barrios
El casco viejo se recorre en una tarde. La ciudad, no. Estos son los sitios a los que se va cuando uno ya no quiere ir donde van todos:
- San Pedro
- Por aquí entran los peregrinos del Camino Francés, cuesta abajo. Es un barrio de toda la vida que se ha llenado de sitios pequeños. La gente de Santiago baja aquí cuando no quiere turistas al lado.
- Belvís
- El valle que se ve desde el casco viejo, con sus huertas todavía cultivadas y el convento arriba. Se baja en diez minutos y se cambia de siglo.
- Bonaval
- Un parque que fue cementerio, con las tumbas aún puestas entre los árboles y una de las mejores vistas de la ciudad. Al lado, el Museo do Pobo Galego y el centro de arte contemporáneo.
- Sar
- Río abajo, con una colegiata románica cuyas columnas están inclinadas de verdad, no es efecto óptico. Casi nadie baja hasta aquí.
- Conxo
- Su plaza, su monasterio y su vida de pueblo dentro de la ciudad.
- Cidade da Cultura
- En lo alto del monte Gaíás. Un proyecto enorme, discutido hasta el aburrimiento por los de aquí, con unas vistas que valen la subida.
Lo que aquí se hace con las manos
Santiago no vive solo de enseñar piedras: también fabrica cosas, y lleva siglos haciéndolo.
- Azabache
- Santiago lleva ocho siglos trabajando esta piedra negra. Los azabacheros tenían su propio gremio y tallaban higas y vieiras para los peregrinos. Todavía quedan talleres.
- Plata
- La Praza das Praterías se llama así por los plateros que trabajaban en sus soportales. El oficio sigue vivo.
- Cerámica y barro
- Piezas de Buño y de otros alfares gallegos: barro cocido, sin pretensiones.
- Bisutería y hecho a mano
- Lo que hacen los artesanos de la ciudad, pieza a pieza, en su taller y con su nombre detrás.
Dónde comer, dónde comprar
Aquí irán los bares, los restaurantes, los obradores, las tiendas de artesanía y las de bisutería de la ciudad: lo que ofrecen, dónde están y a qué hora abren. De todas las cocinas y de todos los barrios, no solo de las cuatro calles de siempre.
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